Arroyo de San Andrés (Córdoba)

El arroyo de San Andrés fue un cauce a cielo abierto que cruzaba los barrios del norte de la Ajerquía de Córdoba —Santa Marina, San Andrés y San Lorenzo— y que llevaba, además del agua de lluvia, las inmundicias de los vecinos y las del Matadero. Daba nombre a varias calles sucesivas —Arroyo de San Andrés, Buen Suceso y Arroyo de San Rafael— y se cruzaba por puentecillos. Se le atribuyó el agravamiento de la epidemia de tercianas de 1785-1786, y por ella se desvió fuera de la muralla en 1789-1790: desde entonces por esas calles solo corría el agua de lluvia. El tramo de la calle Arroyo de San Andrés y el Buen Suceso se cubrió con una cloaca construida entre diciembre de 1894 y junio de 1896, pero los nombres siguieron en uso, y en 1913 los niños del barrio aún «se apedreaban en el arroyo».
El cauce

El arroyo entraba en la ciudad por la muralla norte y la cruzaba entera. Teodomiro Ramírez de Arellano describe su recorrido al hablar del barrio de Santa Marina: penetraba «por un arquillo inmediato a la torre de la Malmuerta» y seguía «a la Lagunilla, calle Mayor, Santa Isabel, Álamos y demás que hoy tiene la corriente».[1]
Desde ahí bajaba por el barrio de San Andrés, pasaba por la plazuela del Buen Suceso y continuaba como arroyo de San Rafael hasta desembocar en la plaza de San Lorenzo, donde salía al campo por una reja llamada la Rejuela de San Lorenzo.[1]
Un solo arroyo con varios nombres

El cronista, plantado en la plazuela, deja anotada la geometría del cruce: «Salimos de esta calle y encontramos el Arroyo del Buen Suceso: se ha llamado también la Puentezuela de D.ª Mariana. A la derecha corresponde a San Lorenzo: al frente está la calle de Ocaña, que es del barrio de Santa Marina, y en la esquina, una pequeña ermita denominada Ntra. Sra. del Buen Suceso».[2]

En esa plazuela confluyen el Arroyo de San Andrés por el oeste, el Arroyo de San Rafael por el este, Ocaña por el norte e Isaac Peral —la antigua calle del Lodo— por el sur; el cronista llega a ella desde San Lorenzo por la pequeña calle de Carchenilla, la actual Yerbabuena.[2] Ocaña e Isaac Peral forman un mismo eje norte-sur, partido por el cauce.
El callejero oficial lo corrobora por su cuenta. El índice de vías del plano de Córdoba a escala 1:6.000 «revisado por el Ayuntamiento», impreso entre 1900 y 1920, registra siete calles llamadas «Arroyo» y sitúa tres de ellas en la misma cuadrícula, la 6 C: A. del Buen Suceso, Arroyo de San Andrés y Arroyo de San Rafael. En ese mismo cuadro están además Calle Ocaña e Isaac Peral, y en el contiguo, el 6 D, Gutiérrez de los Ríos.[3]
Una cuadrícula de un plano a esa escala abarca varios centenares de metros: que dos calles compartan cuadro indica proximidad, no contigüidad.
De dónde venía el agua
El caudal no era solo escorrentía urbana. Ramírez de Arellano, al describir los pozos del barrio de Santa Marina, menciona «una mina o atarjea que los surte» de la que «se dice desde muy antiguo que es una obra que se hizo en tiempo de los árabes, recogiendo el caudal de un arroyo a que llaman Gualcolodro, que baja de la sierra». Y añade lo que pasaba en las crecidas:
- «…cuando trae mucha agua no cabe por la mina, haciendo bozar los pozos, y algunas veces filtrándose hacia la huerta Nueva, más allá del Pretorio, formando grandes lagunas, que hemos conocido, y que han desaguado por medio de zanjas abiertas hasta el arroyo del Matadero.»[1]
Es decir: bajo el barrio corría una conducción que la tradición tenía por andalusí y que captaba un arroyo de sierra; cuando ese arroyo venía crecido, el agua rebosaba los pozos, encharcaba las huertas del norte y acababa vertiendo al cauce que cruzaba la Ajerquía.
El nombre Gualcolodro coincide con el de la puerta de Colodro, que el cronista explica por el almogávar Álvar Colodro, que escaló la muralla por allí en enero de 1236.[4] No se ha resuelto si el arroyo tomó el nombre de la puerta o al revés.
Qué llevaba
No era agua limpia. Según Ramírez de Arellano, por él «no solo corrían todas las inmundicias que arrojaban los vecinos, sino las del Matadero».[1]
Puentecillos
La ciudad lo cruzaba por pasarelas: «teniendo puentecillos en todas las avenidas».[1] De ahí proceden dos topónimos que aún se usaban en el siglo XIX: la Puentezuela de San Lorenzo y la Puentezuela de D.ª Mariana; la propia calle Arroyo de San Andrés figura también como Puentezuela de San Andrés.[5]
El Despeñadero
En algunos tramos el cauce era muy profundo: «siendo tan profundo en algunos puntos que ya cerca del Buen Suceso había un sitio llamado el Despeñadero»; en el paseo de San Andrés el cronista lo sitúa en el tramo que va del Buen Suceso a la calle de los Álamos.[1] En el extremo contrario, junto a la Rejuela de San Lorenzo, el alto de un corral quedaba «unas cuatro varas más arriba del piso del cauce» —más de tres metros—.[1]
Inundaciones
Las crecidas eran frecuentes y, cuando la salida al campo se obstruía, el agua represaba dentro de la ciudad.
En 1698 «subió tanto el agua que llegó a cubrir la mesa altar mayor de la parroquia de San Lorenzo, sacando a muchos vecinos de sus casas en un barco, que el autor de cierto manuscrito vio atado a una reja, en la plazuela de la Puentezuela de San Lorenzo». La causa: «la represa consistió en estar obstruido el arroyo en el campo».[1]
En otra ocasión, atascada la broza en la Rejuela, la inundación alcanzó tal altura que «se ahogaron una vez doce o catorce cerdos» que había en un alto formado en el patio de la casa número 21 de la calle de la Rejuela.[1]
La epidemia de 1785-1786
A este arroyo se atribuyó el agravamiento de la epidemia de tercianas que asoló la ciudad: «Esta epidemia se juzgó aumentada en aquellos barrios por el arroyo de Santa Marina y San Lorenzo».[1]
El brote causó 1.214 víctimas entre el 1 de mayo y el fin de noviembre de 1786, con 11.657 enfermos. En 1785 hubo que cerrar al culto la iglesia de Santa Marina porque los cadáveres sepultados en ella «empezaron a exhalar tantos miasmas que se creyó perjudicarían a la salud pública».[1]
El arreglo de 1789
La epidemia convenció a la ciudad de que había que acabar con el cauce. En 1789 se obtuvo el permiso real para pagar las obras con los sobrantes de los Propios, y una junta presidida por el corregidor Pascual Ruiz de Villafranca empezó «por cerrar el arco que junto a la torre de la Malmuerta dejaba entrar el arroyo del Matadero». Se le abrió un cauce nuevo por fuera, por delante de las Ollerías y la Fuensantilla hasta el Marrubial, y dentro de la ciudad «cegaron el cauce que formaba en las calles y las allanaron, toda vez que solo había de correr por ellas el agua llovediza». Costó 46.000 reales, más otros 3.000 en 1790 para acabar de empedrar.[1]
Cuando escribe Ramírez de Arellano, hacia 1875, la calle del Lodo debía ya su nombre a lo que era «antes de componer el arroyo de San Andrés».[2] Pero el agua de lluvia seguía bajando por las mismas calles, y era a veces muy caudalosa.
Cómo se cubrió
El último tramo está documentado paso a paso en la prensa local de finales del siglo XIX.[6][7]
| Fecha | Hecho |
|---|---|
| 30 dic. 1880 | Se subasta «la venta a censo de la casa número quince, calle Arroyo de San Andrés»: ya es calle con casas numeradas |
| 4 oct. 1888 | Denunciado un cochero por pasar «estando prohibido el paso con motivo de las obras de reparación del pavimento» |
| 11 jun. 1890 | Se propone cambiarle el nombre por el de «calle de los Martirios», «pues no son pocos los que hace sufrir su mal empedrado y su carencia de aceras» |
| 5 dic. 1891 | «La Alcaldía ha dispuesto que en los días de lluvias se coloque un borriquete que facilite el tránsito» |
| 17 dic. 1893 | Un vecino relata que «tuve que aguardar horas y horas hasta que, gracias o merced de un semi-borriquete que allí colocaron, pude salvar milagrosamente mi pobre humanidad» |
| 20 dic. 1894 | La comisión municipal de Fomento adiciona al proyecto de las escuelas otro de cloaca |
| 14 jun. 1896 | Ya está construida: se denuncia que «la cloaca de la calle Arroyo de San Andrés carece de tapa» |
El borriquete

Un borriquete es una pasarela portátil de tablas. Que el Ayuntamiento dispusiera colocarlo «en los días de lluvias» a finales del siglo XIX indica que, un siglo después del arreglo, la calle seguía convirtiéndose en un torrente cada vez que llovía.
El proyecto de 1894

El acuerdo municipal de diciembre de 1894 describe una obra doble:
- «La comisión municipal de Fomento ha adicionado al proyecto referente á la edificación de escuelas públicas, en el perímetro que ocupa el solar del Horno del Duende, otro relacionado con la construcción de una cloaca que además de utilizarse para la servidumbre de las escuelas, recoja la abundante cantidad de agua que en la época de lluvias se acumula en la calle Arroyo de San Andrés. La cloaca seguirá por la calle Buen Suceso y enlazará con la alcantarilla del Arroyo de San Lorenzo. La realización de este proyecto es de indudable importancia para aquel vecindario, y habrá de reportar beneficios a la salud pública.»[7]
La cloaca seguía el trazado del cauce antiguo entre la calle Arroyo de San Andrés y el Buen Suceso; estos papeles no dicen si se cubrió también el resto. Las «escuelas» a las que alude son las del legado López Diéguez, que se construían por esos mismos años en el solar del Horno del Duende, en la misma calle: las dos obras que hicieron habitable aquel tramo se decidieron el mismo invierno.
La tapa, en 1896

Dieciocho meses después, la obra está hecha y el periódico la menciona por su avería:
- «El guardia municipal número 15, utilizando una cuartilla de papel de barba, ha participado á la Alcaldía que la cloaca de la calle Arroyo de San Andrés carece de tapa. Al menos, con esta cuartilla de papel podrá ya darse principio á la instrucción del expediente y llegará algun dia en que se lleve á cabo la restauración de la tapa consabida. Verán ustedes como hay expediente y se gastarán algunos pliegos de papel y la pacien[cia]…»[7]
El texto pide la restauración de la tapa, no su colocación: la cloaca llevaba ya algún tiempo terminada.
Después del agua

El nombre sobrevivió al cauce. En los partes de la guardia municipal aparecen, ya cubierto el arroyo, «varios jóvenes que acostumbran a tener su pedrea en el arroyo de San Andrés» (septiembre de 1902) y, en el número del 12 de marzo de 1913, «nueve niños que se apedrean en el arroyo de San Andrés».[8]
Cordobapedia recoge que el arroyo atravesó la calle «hasta comienzos del siglo XX» y que «en algunos puntos de la vía había incluso pequeños puentes para cruzar de acera a acera».[5]
Advertencia de lectura
El topónimo «arroyo» se conservó en el callejero mucho después de desaparecer el agua, igual que la calle del Lodo —hoy Isaac Peral— siguió llamándose así cuando dejó de ser un lodazal. Una mención al «arroyo de San Andrés» posterior a 1896 no prueba, por sí sola, que hubiera cauce abierto.
Véase también
- Calle Isaac Peral (Córdoba) — la antigua calle del Lodo
- Calle Gutiérrez de los Ríos (Córdoba) — la antigua calle de las Almonas
- Epidemia de tercianas de Córdoba de 1785-1786
- Fiebre amarilla de Córdoba de 1804
- Escuelas del legado López Diéguez
- Hospital de San Andrés (Córdoba) — la ermita del Buen Suceso
- Calle Ocaña (Córdoba)
- Puerta de Colodro
Referencias
- ↑ 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 1,11 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseos de los barrios de Santa Marina, San Andrés y San Lorenzo. Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseos de los barrios de San Andrés y San Lorenzo.
- ↑ A. Fernández Fenoy, Plano de Córdoba / revisado por el Ayuntamiento, escala 1:6.000, Barcelona, Alberto Martín, [entre 1900 y 1920], hoja del nomenclátor de vías y edificios públicos. Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, reg. 463039.
- ↑ Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo del barrio de Santa Marina, a propósito de la puerta de Colodro.
- ↑ 5,0 5,1 «Calle Arroyo de San Andrés», Cordobapedia.
- ↑ Barrido completo de la búsqueda a texto completo de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica por la frase «arroyo de San Andrés»: 885 planas, 557 de cabeceras cordobesas.
- ↑ 7,0 7,1 7,2 Diario de Córdoba, sueltos municipales sobre la calle Arroyo de San Andrés, 30 de diciembre de 1880, 4 de octubre de 1888, 11 de junio de 1890, 5 de diciembre de 1891, 17 de diciembre de 1893, 20 de diciembre de 1894 y 14 de junio de 1896.
- ↑ El Defensor de Córdoba, n.º 892, 18 de septiembre de 1902, y n.º 4108, 12 de marzo de 1913, partes de la guardia municipal.