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Calle Gutiérrez de los Ríos (Córdoba)

Historia local y familiar documentada
«6 D · Gutiérrez de los Ríos», en el índice de vías del plano de Córdoba 1:6.000, entre 1900 y 1920
«6 D · Gutiérrez de los Ríos», en el índice de vías del plano de Córdoba 1:6.000, entre 1900 y 1920. La cuadrícula contigua, la 6 C, es la del arroyo.

La calle Gutiérrez de los Ríos de Córdoba se llamó durante siglos calle de las Almonas, por las almonas o fábricas de jabón que hubo en ella. Baja desde el Realejo hasta la plazuela de la Almagra y es, según Ramírez de Arellano, «una de las mas largas y con mas afluentes de Córdoba»: desde su arranque hasta la esquina de la Rehoyada de Regina pertenecía al barrio de San Andrés, y de allí en adelante al de San Pedro.[1] Fue la calle por la que entró en la ciudad la fiebre amarilla de 1804.

El nombre viejo: las almonas

Almona es fábrica de jabón. La calle tuvo varias, y de ellas le vino el nombre. Ramírez de Arellano señala una que en su tiempo aún se identificaba:

«…una casa de fachada antigua y fea, que es una de las muchas almonas ó fábricas de jabón que hubo en aquella calle y le dieron nombre: hoy le dicen la Almona de paso, porque atravesando el patio se sale por otra puerta á una calleja llamada como ella y de allí á la calle del Huerto de San Andrés.»[1]

La calleja de la Almona de paso es hoy la calle Pintor Bermejo, y la del Huerto de San Andrés, Fernán Pérez de Oliva.[1] La casa era además ejemplo de una servidumbre que el cronista llama «incómoda» y que aún quedaba en varias casas de Córdoba: un patio por el que se cruzaba de una calle a otra.

El nombre nuevo: los Gutiérrez de los Ríos

En el primer tramo de la calle estaba la casa número 64, «propia de los herederos del Sr. D. Antonio Gutiérrez de los Ríos, distinguido jurisconsulto cordobés, que ha desempeñado cargos de gran importancia en Madrid, y que ha representado muchas veces en las Cortes á la provincia de Córdoba, donde falleció en 20 de Marzo de 1873». Era «muy hermosa» y conservaba pinturas, entre ellas «una Concepción, gran tamaño, de Castillo».[1]

Los Gutiérrez de los Ríos eran uno de los grandes linajes de la ciudad, con ramas en muchos barrios; de ellos salieron, entre otros, los condes de Fernán Núñez y de Gavia y los marqueses de las Escalonias, que en tiempos del cronista vivían en la plazuela de Séneca.[2] No se ha encontrado el acuerdo municipal que dio a la calle su nombre actual, ni si se puso en honor del jurisconsulto de 1873 o del linaje en general.

La puerta de las epidemias

«Los vecinos de la calle de Almonas, han sido muy castigados en todas las epidemias que han invadido á Córdoba, y cuyos primeros casos han sido casi siempre en este sitio, como sucedió en el año de 1804, con la fiebre amarilla.»[1]

En 1804 los primeros casos se dieron el 4 de septiembre, y se atribuyeron a un cargamento de arrobas de lino sin fumigar llevado a un establecimiento de la calle; el lino era la materia de oficios del barrio como el del rastrillador. La mortandad fue tal en las Almonas, el Huerto de San Andrés, la Carretera y la Palma que la Junta de Sanidad tapió sus salidas, «dejando unos postigos por donde le alargaban los comestibles y medicinas». Solo en el barrio de San Andrés se levantaron tabiques en la esquina de la parroquia, en la calle de Villalones, en el Realejo, en Huevos, en Regina, en Alcántara y en la plazuela de la Almagra.[1]

Lo que hubo en ella

El barrio de San Andrés en el plano 1:6.000 revisado por el Ayuntamiento, entre 1900 y 1920: la calle aparece rotulada «Ríos», con la calleja de…
El barrio de San Andrés en el plano 1:6.000 revisado por el Ayuntamiento, entre 1900 y 1920: la calle aparece rotulada «Ríos», con la calleja de Mancera y el Realejo.
  • Un nicho con verja y repisa de mármol con un Jesús Nazareno de medio cuerpo, que hubo hasta 1841 en el Realejo, «mas abajo de la calle del Lodo, casi frente á la de Almonas». Lo sitúa el cronista tomando como referencia las dos bocacalles, la del Lodo (hoy Isaac Peral) y la de las Almonas. La tradición decía que allí una mujer condenada por la Inquisición «abrió los ojos á la Fe» camino del quemadero.[1]
  • La calleja de Mansera (hoy Mancera), sin salida, cuyo nombre viene del apodo de un trabajador del campo que, según una tablilla de 1559 colgada en el pórtico del santuario de la Fuensanta, se puso a arar el día de la Virgen y se le quedó la mano pegada a la mancera del arado.[1]
  • La casa del Duende, en el número 55, en la acera de enfrente y formando rincón. El cronista cuenta su leyenda: una señora rica del siglo XVI a la que su hermano quería matar por la herencia, y un duende llamado Martín que la protegió mientras vivió en la casa y que, cuando el hermano la asesinó y vino a vivir allí, lo ahorcó de una viga.[1] No es el Horno del Duende, que estaba en un callejón de la calle de Barberos y sobre cuyo solar se levantaron las escuelas del legado López Diéguez.

En el nomenclátor municipal

El índice de vías del plano de Córdoba 1:6.000 «revisado por el Ayuntamiento», impreso entre 1900 y 1920, la sitúa en la cuadrícula 6 D, contigua a la 6 C en la que caen Ocaña, Isaac Peral y las calles del arroyo.[3]

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 1,8 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseo del barrio de San Andrés. Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
  2. ↑ Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, paseo del barrio de San Pedro y paseo del barrio de la Catedral.
  3. ↑ A. Fernández Fenoy, Plano de Córdoba / revisado por el Ayuntamiento, escala 1:6.000, Barcelona, Alberto Martín, [entre 1900 y 1920], hoja del nomenclátor de vías y edificios públicos. Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, reg. 463039.