Puerta de Colodro

La puerta de Colodro fue una de las puertas de la muralla de Córdoba, en el lado norte de la Ajerquía, junto al barrio de Santa Marina y frente al cerro de San Cayetano. Según Ramírez de Arellano se construyó después de la conquista cristiana y lleva el nombre del almogávar Álvaro Colodro, que en la noche del 23 al 24 de enero de 1236 fue de los primeros en escalar la muralla por aquel punto. Junto a ella hubo una ermita dedicada a los mártires cordobeses Acisclo y Victoria. A lo largo de su historia, dice el cronista, se abrió y se cerró cada vez que hubo epidemia en la ciudad; la última vez que lo cuenta, en 1837, se compuso y quedó abierta.[1]
La toma de 1236
Ramírez de Arellano cuenta dos veces la entrada de Colodro. En el paseo de Santa Marina, en pocas líneas:
- «Su nombre lo debe á que entró por aquel sitio, escalando la muralla y sorprendiendo á los centinelas, á quienes tiró al campo para que sus amigos los acabasen de matar, un almogávar que sabia el árabe, llamado Alvar Colodro, natural de Cobeña, pueblo del Arzobispado de Toledo, cerca de Alcalá de Henares, donde tiene algunos descendientes: lo acompañó Benito Baños que, tan bravo como él, hicieron prodigios de valor en aquella noche, que fué una muy tenebrosa del mes de Enero de 1236.»[1]
Y con más detalle al contar la conquista de la Ajerquía. Los cristianos habían cruzado el río por el vado y llegado a la muralla cerca de la puerta de Baeza, pero las escalas no alcanzaban; siguieron muralla adelante hasta «frente á la hoy iglesia de San Cayetano», empalmaron las escalas y mandaron subir «á los que mejor hablasen el árabe», vestidos de moros. Subieron a la torre Colodro y Baños. Cuando los centinelas les preguntaron quiénes eran, «Colodro contestó ser sobreguardas que iban vigilando los muros»; uno de los moros, que estaba en el secreto, les dijo en voz baja que mataran a los otros, y los arrojaron por la muralla. La torre, «ya derruida» en tiempos del cronista, había llevado el nombre de Colodro, «como aun lo tiene la puerta contigua». Al amanecer del 24 de enero de 1236 los cristianos dominaban la Ajerquía.[2]
Que el almogávar supiera árabe no es un adorno del relato: era lo que le permitía acercarse a los centinelas sin levantar sospecha.
La ermita de los Mártires
Junto a la puerta estaba la ermita de los santos Acisclo y Victoria, los patronos de Córdoba. La tradición situaba allí la casa de Minciana, la mujer que los crio; sobre ella hubo una gran iglesia que se arruinó, y después de la conquista una ermita «en que apenas cabrían doce personas».[1] En 1516 la ermita «de la puerta de Colodro» era de un tal Gerónimo Godino, que la cedió a la cofradía de los Mártires para que la reparase; se reedificó a fines del siglo XVII, quedó casi abandonada a fines del XVIII y la rehízo un vecino del barrio, José Fernández, «el Carnerero», enriquecido con el comercio de ganado lanar.[3][1]
Abierta y cerrada según la epidemia
- «Cerca de esta ermita está una de las puertas de la ciudad denominada de Colodro, construida despues de la conquista: ha sufrido algunas reedificaciones, porque ha sido abierta y cerrada siempre que se ha padecido alguna epidemia, y últimamente se compuso y quedó abierta en 1837.»[1]
El cronista no da fechas de esos cierres. Se entiende que, en cada brote, la ciudad reducía sus entradas para controlar quién llegaba. Así ocurrió en la fiebre amarilla de 1804, cuando se cerraron todas las puertas «escepto las del Puente, Rincon y Nueva», en las que se pusieron un médico y un escribano para examinar a los viajeros; entre los primeros lazaretos para enfermos que se señalaron estaba el convento de San Cayetano, en el cerro de enfrente.[4] Ramírez de Arellano no dice expresamente qué fue de la puerta de Colodro aquel año, pero no estaba entre las que quedaron abiertas.
Lo que había enfrente
El camino que bordeaba la muralla por fuera hasta la puerta era el barrio de las Ollerías, que según el cronista «siempre ha sido un barrio industrial»: allí estaban «casi todas las alfarerías de Córdoba desde tiempo de los árabes», y en su época también fábricas de cal, molinos de aceituna y una fundición de hierro.[1]
Enfrente se alzaba un cerro con la iglesia de San Cayetano, del suprimido convento de carmelitas descalzos de San José. Hacia 1854 se plantaron en él cuatro filas de árboles que formaban tres calles de subida hasta la iglesia; en lo alto hubo un triunfo de San Rafael, una columna sobre un pedestal de piedra negra, que derribó un huracán en 1837, el mismo año en que la puerta quedó abierta.[1]

Un nombre repetido
El mismo cronista llama Gualcolodro al arroyo que baja de la sierra y cuyo caudal recogía una mina antigua que surtía los pozos de la Lagunilla, en Santa Marina; «se dice desde muy antiguo» que era obra de época árabe.[1] Ramírez de Arellano no relaciona ese nombre con el del almogávar, y no se ha encontrado quién lo haga.
Véase también
- Santa Marina (Córdoba)
- Arroyo de San Andrés (Córdoba), que entraba en la ciudad junto a la Malmuerta
- Fiebre amarilla de Córdoba de 1804
- Epidemia de tercianas de Córdoba de 1785-1786
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseo del barrio de Santa Marina. Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
- ↑ Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, paseo de los barrios de San Nicolás y San Eulogio de la Ajerquía.
- ↑ Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, paseo del barrio de Santiago.
- ↑ Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, paseo del barrio de San Andrés.