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La industria del lino en Córdoba

Historia local y familiar documentada
Estampa popular neerlandesa con las dieciséis operaciones del lino, de la siembra a la costura
Las dieciséis operaciones del lino, de la siembra a la costura, en una estampa popular neerlandesa de 1820-1839. Ilustra el proceso, no un taller cordobés.

La industria del lino dio de comer en Córdoba a «millares de personas» durante siglos y desapareció en pocas décadas del XIX, cuando la hilaza hecha a máquina dejó sin trabajo a quienes la hilaban a mano.[1] Esta entrada sigue su rastro por fechas, de una cofradía de 1517 a un censo de 1923 en el que el oficio ya no aparece. Cómo se trabajaba la fibra y cómo se organizaban los rastrilladores se cuenta en Rastrillador de lino.

1517: una cofradía con hospital

El 8 de junio de 1517 el provisor del obispado, el licenciado Tristán Calvete, aprobó las reglas de la cofradía que los «trabajadores en lino» tenían en la calle de las Parras, en el barrio de San Andrés. La cofradía tenía hospital propio, titulado de Nuestra Señora de las Nieves y Santo Domingo, y en él se atendía a los operarios enfermos «que carecían de recursos para curarse en sus casas». Cuando Teodomiro Ramírez de Arellano escribe sus Paseos, entre 1873 y 1877, la cofradía ya está suprimida y su altar —una Virgen de las Nieves de vestir con un lienzo pequeño de Santo Domingo de Silos encima— ha ido a parar a una capilla de la parroquia de San Andrés.[1]

En otro barrio, el de Santiago, el mismo cronista encuentra un segundo hospital, el de la Concepción y San Antonio Abad, cuya obra nueva llevaba la fecha de 1652, y supone que «de toda esta casa debió apoderarse, formando hermandad, el gremio de lineros, con el objeto de acoger á los operarios enfermos ó inútiles».[2] Es una conjetura suya, no un dato de archivo.

1775: el recuento

Un «resumen de artes y oficios hecho en 1775», que el cronista resume, contaba 31 maestros, 60 oficiales y 37 aprendices de uñeros o rastrilladores, 12 maestros y 9 oficiales torcedores de hilo y 52 maestros y 11 oficiales tejedores de lienzo. No contaba a las hilanderas, cuyo número, dice el cronista, no era posible fijar: «no nos es posible fijar el considerable número de mugeres dedicadas al hilado, pues habia tienda en que cambiaban mas de trescientas».[3] En otro paseo precisa que había almacén que, los días de entrega, reunía a la puerta «trescientas ó cuatrocientas mugeres».[1]

Septiembre de 1804: el lino sin fumigar

La tradición que recoge el cronista atribuye la fiebre amarilla de 1804 a «una gran porción de arrobas de lino sin haberlo fumigado» descargada en un establecimiento de la calle de Almonas, hoy Gutiérrez de los Ríos. Los primeros casos se dieron el 4 de septiembre y murieron mil quinientas personas en poco más de dos meses.[4]

Los años de la hilaza extranjera

A mediados del siglo XIX el lino se tejía todavía en Córdoba, pero cada vez menos con hilo de la tierra. Algunos edificios desamortizados se convirtieron en fábricas: el antiguo convento de San Francisco, vendido tras la exclaustración, acogió «fábricas de paños, lienzos, hules y sillas»,[5] y en la calle Mayor de Santiago unas casas principales del marqués de la Vega de Armijo estaban «convertidas en fabrica de tegidos de hilo», con la fachada renacentista mutilada.[2] El Hospicio, por su parte, amplió a partir de 1850, al pasar a establecimiento provincial, sus «talleres de lienzos, paños bastos y esparto».[6]

La materia prima venía de fuera: lo que se tejía en Córdoba eran, en palabras del cronista, «malas hilazas estranjeras».[3] La prensa local seguía el mercado de esa hilaza. El 26 de septiembre de 1863 el Diario de Córdoba, en un suelto de noticias generales que no se refiere a Córdoba, avisaba de que, tras la crisis del algodón, se presentaba «otra nueva crisis para la industria linera»: las últimas noticias del gran mercado de hilazas de Dundee, en Escocia, daban una fuerte subida de precio.[7] A finales de enero de 1864 el mismo periódico anunciaba un «Nuevo depósito de hilazas» en el almacén al por mayor de géneros extranjeros de Benítez y compañía, en la calle Ambrosio de Morales número 3.[8]

Diez años después, Ramírez de Arellano hacía el balance: «El lino, ¿qué nos queda de esta aplicación? unos cuantos telares alimentados por malas hilazas estranjeras». Y explicaba el porqué: «La construccion de máquinas, con lo que en otros puntos se ha abaratado la hilaza, ha perdido casi por completo esta industria de los cordobeses».[1] Lo que quedaba era el nombre de la calle de Lineros, donde «casi hasta nuestros dias» había visto las casas ocupadas por los trabajadores del lino.[5]

1907-1923: cero

En los diecisiete cuadernos conservados del censo electoral de la capital, de 1907 a 1923, la columna de profesión no registra ni un solo rastrillador ni un solo hilador.[9] El censo electoral solo inscribía a varones mayores de veinticinco años, de modo que las hilanderas no habrían aparecido en él de ningún modo; pero tampoco aparecen los hombres del oficio.

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseo del barrio de San Andrés. Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
  2. ↑ 2,0 2,1 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo del barrio de Santiago.
  3. ↑ 3,0 3,1 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo del barrio de San Pedro, digresión sobre las industrias perdidas.
  4. ↑ Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo del barrio de San Andrés, a propósito de la fiebre amarilla de 1804 y la calle de las Almonas.
  5. ↑ 5,0 5,1 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo de los barrios de los Santos Nicolás y Eulogio de la Ajerquía.
  6. ↑ Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo del barrio de San Miguel, a propósito del Hospicio.
  7. ↑ Diario de Córdoba, 26 de septiembre de 1863, n.º 3940, p. 2, suelto sin título. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  8. ↑ Diario de Córdoba, 29 y 31 de enero y 3 de febrero de 1864, p. 4, sección de anuncios. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  9. ↑ Censo Electoral de Córdoba capital, 1907-1923, diecisiete cuadernos, columna de profesión: recuento propio sobre 234.029 líneas de su capa de texto.