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La casa de vecinos cordobesa

Historia local y familiar documentada
Gacetilla «¡Ay amor!» del Diario de Córdoba del 27 de diciembre de 1863
«¡Ay amor!»: la gacetilla del Diario de Córdoba del 27 de diciembre de 1863 sobre un pretendiente, una suegra y una navaja en una casa de vecinos.

La casa de vecinos era en Córdoba un caserón antiguo, de una o dos plantas alrededor de un patio, en el que vivían varias familias de alquiler, cada una en sus habitaciones, con el patio, la pila y el pozo en común. A principios del siglo XX el periodista Ricardo de Montis la daba ya por casi desaparecida: «Hace treinta años la veíamos en todas las calles, hoy la encontramos solamente en los barrios bajos de la población».[1]

1860: el cólera y las «casas de vecindad»

En septiembre de 1860, con el cólera en la ciudad, el Diario de Córdoba publicaba cada día el parte de defunciones. El del 25 de septiembre, tras anotar que en las últimas veinticuatro horas no había muerto nadie de cólera, añadía una «Indicación»: era de lamentar que «solo con motivo de enfermedades epidémicas, se hagan visitas domiciliarias á esas llamadas casas de vecindad, corralones donde están hacinadas muchas familias, en pequeñas viviendas, sin luz ni ventilación ni condición alguna de salubridad». El periódico pedía que esas visitas se hicieran periódicamente, «sin mas objeto que el de la conservación de la higiene», obligando sobre todo a los dueños de las casas que no tenían «oficinas reservadas» —es decir, retretes— a construirlas, «como está mandado hasta la saciedad».[2]

1863: dos sucesos

El 18 de noviembre de 1863 el Diario contaba que el día anterior, «junto al muro de la Misericordia», había habido «un grave escándalo en una casa de vecinos entre dos mujeres».[3]

El 27 de diciembre el suceso venía con su cuarteta. El jueves anterior, en otra casa de vecinos, un mozo «requería de amores» a una vecinita cuando apareció la madre de ella, le descargó un garrotazo que lo dejó tendido en el suelo y allí lo acometió con una navaja, hiriéndole en un brazo. «Por fortuna su furor fué detenido por la gente de la casa». El gacetillero remataba: «Cuando esta mujer tan negra / sin ser suegra es Iscariote, / en llegando ella á ser suegra / ¿quién aguanta su garrote?».[4]

Medio siglo después, según Montis

Ricardo de Montis la describe medio siglo después, cuando ya solo quedaba en los barrios bajos, y la defiende frente a la del periódico de 1860: «no es un edificio dividido en departamentos aislados, con poca luz y menos ventilación, como la de las grandes poblaciones; es un viejo caserón, bañado constantemente por el sol y perfumado por las brisas de la Sierra, donde se vive en familia».[1] La casera cobraba los alquileres y cerraba la puerta de la calle «á las diez de la noche en el invierno y á las once en el verano»; las vecinas se turnaban para barrer la puerta, usar la pila, encender el farol del portal y comprar soga nueva para el pozo; y la habitación que daba a la calle se cedía para los altares del Jueves Santo y de la Cruz de Mayo. Montis deja constancia también de las «frecuentes reyertas, en las que rizos y moños suelen rodar por el suelo y á las cuales pone término cuando no la casera, el guardia municipal del distrito».[1]

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,0 1,1 1,2 Ricardo de Montis, «La casa de vecinos», Notas cordobesas. Recuerdos del pasado, publicado en el Diario de Córdoba entre 1910 y 1924 y reunido en volumen en 1926.
  2. ↑ Diario de Córdoba, 25 de septiembre de 1860, p. 3, «Indicación». Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  3. ↑ Diario de Córdoba, 18 de noviembre de 1863, p. 3, «Gresca». Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  4. ↑ Diario de Córdoba, 27 de diciembre de 1863, p. 3, «¡Ay amor!». Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.