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Parroquia de San Nicolás y San Eulogio de la Ajerquía (Córdoba)

Historia local y familiar documentada
«…se traslada la parroquia de San Nicolás, á causa de lo que han resentido su fábrica los últimos temporales é inundaciones»
«…se traslada la parroquia de San Nicolás, á causa de lo que han resentido su fábrica los últimos temporales é inundaciones». Diario de Córdoba, 14 de febrero de 1877.

La parroquia de San Nicolás y San Eulogio de la Ajerquía, llamada popularmente la iglesia del Río, fue una de las parroquias que Fernando III fundó en Córdoba tras la conquista de 1236, en la parte baja de la Ajerquía, junto al Guadalquivir. Dio nombre al barrio que la rodeaba, el de los Santos Nicolás y Eulogio, que Ramírez de Arellano tenía por «el barrio mas industrioso de Córdoba», donde «vive la mayor parte de los plateros».[1] Las riadas del invierno de 1876-1877 dañaron el templo, y en febrero de 1877 la parroquia se trasladó a la iglesia del antiguo convento de San Francisco, con cuyo nombre acabó confundiéndose. Del edificio original quedan hoy las fachadas.

No debe confundirse con la parroquia de San Nicolás de la Villa, en la parte alta de la ciudad, que sigue abierta.

El templo

Según los autores que recoge Teodomiro Ramírez de Arellano, había sido mezquita, y el rey Fernando la hizo parroquia dedicada a San Nicolás de Bari. El segundo titular se le añadió mucho después: «habiéndole aumentado el título de San Eulogio a petición del Rector de la misma Hernán Pérez, por decreto del Obispo D. Fray Diego Mardones, su data a 4 de marzo de 1642».[1]

La primitiva, se decía, «era muy oscura y baja, pues solo tenía unas cuatro varas de alto, y estaba sostenida por muchas columnas, remedando algo en su construcción a la hoy Catedral». Se reedificó en tiempos del obispo Leopoldo de Austria; la reforma principal fue la del obispo Marcelino Siuri, que puso cuatro mil ducados de su bolsillo y la bendijo el 7 de febrero de 1727; volvió a obrarse por manda testamentaria del obispo Cebrián, y otra vez en 1836. Con tantas obras, «aquel edificio ha perdido por completo su primitiva arquitectura».[1]

Por dentro, a mediados del XIX: un retablo mayor de 1726 «de escaso mérito» con un tabernáculo de plata y las imágenes de los dos titulares; el epitafio del licenciado Andrés de Oliver y Salmerón, rector treinta y siete años, muerto en 1650; la capilla del sagrario con Nuestra Señora de las Huertas; una Concepción de Saravia; la Dolorosa de la hermandad de Loreto, con su retablo de 1718; y el altar de Ánimas, con su enterramiento de cofrades.[1]

Un barrio sin casas solariegas

El cronista anota un rasgo que explica la parroquia entera: «Es de notar la falta de casas solariegas en este barrio, casi desde su origen dedicado a la industria, y de aquí el no hallar en la parroquia enterramientos de nobles familias, ni fundaciones debidas a ellas».[1] Era el barrio de los oficios —el lino de la calle Gragea, las platerías—, y su iglesia, la de los artesanos. El Colegio de Plateros celebraba allí a su patrón, San Eloy, y siguió haciéndolo después del traslado: en junio de 1877 la prensa anuncia la fiesta del «Ilustre Colegio de Plateros en la Parroquia de San Nicolás de la Ajerquía (hoy San Francisco)».[2] Véase Platero de Córdoba.

Las riadas y el traslado de 1877

La iglesia estaba al borde del río, y las dos avenidas del Guadalquivir del invierno de 1876-1877 (véase Riada de Córdoba de 1876-1877) inundaron el barrio. Todavía el 13 de enero de 1877 la hermandad de Consolación se reunía «en la sacristía de la parroquia de S. Nicolás de la Ajerquía».[2] Un mes después, el 14 de febrero, el Diario de Córdoba contaba el reparto de sus campanas:

«Se ha colocado en la torre de la Iglesia de Santiago una de las tres campanas que había en la de San Nicolás de la Agerquía, en sustitución de otra que se inutilizó hace pocos meses. Las otras dos se destinan á la Iglesia de San Francisco, á la que, como tenemos dicho, se traslada la parroquia de San Nicolás, á causa de lo que han resentido su fábrica los últimos temporales é inundaciones.»[2]

En marzo ya se habla de «la iglesia parroquial de la Ajarquía, trasladada al exconvento de S. Francisco», y se restaura «el precioso pórtico de la entrada al patio del ex convento de San Francisco, hoy parroquia de la Agerquía».[2]

San Francisco: dos casas que convivieron seis siglos

Fachada de la iglesia de San Francisco en junio de 1914, cuando ya era la parroquia heredera de la Ajerquía
Fachada de la iglesia de San Francisco en junio de 1914, cuando ya era la parroquia heredera de la Ajerquía. Autocromo de Auguste Léon para los Archivos del Planeta de Albert Kahn.

El templo de acogida no era una parroquia. Era la iglesia de San Pedro el Real, «conocida generalmente por San Francisco, por ser la del convento de esta orden», en la calle de San Fernando, fundado también por Fernando III al conquistar la ciudad y extinguido con la exclaustración del XIX.[1] Durante seis siglos convento y parroquia fueron vecinos y distintos: en la lista de campanadas de incendio que publicaba la prensa en diciembre de 1876 figuran las quince parroquias de la ciudad, con «Agerquía, 10», y San Francisco no está.[2]

Desde 1877 la parroquia vivió en la iglesia del convento y fue tomando su nombre. La prensa usó durante años las dos formas a la vez —«Parroquia de San Nicolás de la Ajerquía (hoy San Francisco)», «Iglesia del ex convento de San Francisco (hoy Parroquia de San Nicolás de la Agerquía)»—. El callejero parroquial del Almanaque del Obispado de 1886 todavía rotula «San Nicolás de la Ajerquía»; el del Almanaque del Diario de Córdoba de 1911 ya escribe «San Francisco», y en ese mismo almanaque la parroquia figura como San Francisco y San Eulogio, el nombre que conserva.[3]

Para quien lee papeles antiguos, «San Francisco» antes de 1877 es el convento —una sepultura, una cofradía, una novena—, y después, la parroquia heredera de la Ajerquía. En el callejero de 1911, «San Nicolás» a secas es ya la de la Villa.

Los libros parroquiales

Ramírez de Arellano encontró su archivo «poco curioso, aparte de algunas notas de las crecientes del rio, puestas en los márgenes de los libros». Los libros de bautismos empezaban en 1557, los de matrimonios en 1586 y los de defunciones en 1596.[1] Es la serie que hay que consultar para cualquier familia del barrio desde el siglo XVI.

Lo que queda

Según la prensa actual, de la vieja iglesia sobreviven las fachadas a la Ribera y a la calle Consolación, y el interior se usa como garaje. En sus muros había azulejos que marcaban la altura de las grandes avenidas: Ramírez de Arellano describe en el exterior, «mirando a la calle de Consolación», dos azulejos que señalaban «á donde llegó el rio en 1.° de Enero de 1784 y 26 de Diciembre de 1821, de los cuales solo ha quedado uno».[1] La misma información sostiene que allí se bautizó en 1874 el pintor Julio Romero de Torres.[4]

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseo séptimo, «Barrio de los Santos Nicolás y Eulogio». Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
  2. ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 Diario de Córdoba, diciembre de 1876 a diciembre de 1877, varios números. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  3. ↑ «Calles… y parroquias á que pertenecen», Almanaque del Obispado de Córdoba, 1886, p. 41, y Almanaque del Diario de Córdoba, 1911, pp. 21-22. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  4. ↑ Manuel Á. Larrea, «La iglesia fernandina desaparecida en Córdoba: allí fue bautizado Julio Romero y las crecidas del Guadalquivir obligaron a cerrarla», Diario Córdoba, 24 de octubre de 2026.