Riada de Córdoba de 1876-1877


La riada de Córdoba de 1876-1877 fueron dos avenidas del Guadalquivir, en diciembre de 1876 y enero de 1877, que inundaron el barrio del Campo de la Verdad, la Ribera y las calles bajas de la Ajerquía. No hubo muertos —el Te Deum del 10 de diciembre se cantó precisamente por «no haber ocurrido durante ella desastre alguno»—, pero hubo casas hundidas, cientos de vecinos socorridos y una consecuencia duradera: la parroquia de la Ajerquía tuvo que abandonar su iglesia.
El Campo de la Verdad
El Campo de la Verdad —barrio y parroquia del Espíritu Santo— está al otro lado del puente romano, en la margen izquierda. Ramírez de Arellano lo había descrito pocos años antes como un barrio «casi rodeado por el río», cuyos vecinos «han estado mas de una vez espuestos á morir envueltos en las aguas».[1]
Las avenidas anteriores
La ciudad tenía memoria de sus riadas. Ramírez de Arellano, siguiendo al cronista Martín López, repasa las grandes avenidas del Guadalquivir: en enero de 1626 el agua cubrió la plazuela de las Cinco Calles y hubo barcas sacando los muebles de las casas; 1684 fue «sin duda uno de los que mas hicieron subir el rio», con catorce avenidas en tres meses de lluvia que dejaron dos veces aislado el Campo de la Verdad; en 1785 hubo «una de las avenidas mas grandes que se han conocido»; y el 26 de diciembre de 1821 el agua llegó a la ventana de la sacristía de San Nicolás de la Ajerquía y anduvieron barcos por la puerta del Puente y la calle de Lineros. La más notable después fue la de 1860, aunque esa vez «no entró el agua en Córdoba».[1] En el exterior de la iglesia de San Nicolás, dos azulejos marcaban hasta dónde llegó el río el 1 de enero de 1784 y el 26 de diciembre de 1821 (véase Parroquia de San Nicolás y San Eulogio de la Ajerquía (Córdoba)).
En plena riada, el propio Diario de Córdoba publicó la lista: las mayores avenidas «de que hay noticias en Córdoba» habían sido las de 1481, 1554, 1604, 1618, 1626, 1684, 1689, 1692, 1698, 1707, 1708, 1785, 1821, 1860 «y 1876».[2]
La avenida de diciembre
El miércoles 6 de diciembre de 1876, a las tres de la tarde, el gobernador civil cruzó el puente «por las graves noticias que llegaban acerca de la inundación»:
- «En el espacio de una hora que estuvieron allí estos señores subió tanto el río que casi todo el barrio estaba inundado. La activa autoridad superior ordenó que la Iglesia parroquial se abriera para que pudieran albergarse en ella cuantas personas quedaran sin habitación.»[2]
Ese mismo día un boletín extraordinario del gobernador avisaba de que el agua cubría los molinos harineros de las dos orillas, que «había envuelto por su espalda al barrio del Campo de la Verdad» y que arrastraba traviesas del ferrocarril, árboles y animales. Por la noche siguió subiendo, y otro boletín, a las siete de la mañana del jueves 7, contaba que inundaba ya el paseo de la Ribera y parte de las calles del Sol, Don Rodrigo, Mucho Trigo, Campo de Madre de Dios y la Cruz del Rastro.[2]
La ciudad respondió con lo que tenía:
- el obispo alojó en su palacio y a su costa a «la multitud de familias procedentes del inmediato barrio del Espíritu Santo», y el Ayuntamiento le dio las gracias en sesión;[2]
- hubo barcas de salvamento por las calles; un hombre se rompió una pierna trabajando en una de ellas, y un pintor, Francisco Portilla, sacó a hombros hasta la iglesia a una madre y sus seis hijos, el menor de pecho;[2]
- se cerró la puerta del puente salvo a quien iba a socorrer, y patrullas de caballería recorrieron el barrio «a medida que se vayan retirando de ellas las aguas»;[2]
- el Ayuntamiento acordó con el gremio de panaderos retirar la subida del pan del día anterior.[2]
El 8 el barrio «empezó a habitarse»; quedaba tanto lodo que algunas entradas eran peligrosas. Varias casas se hundieron —una, «al salir los últimos muebles»— y otras fueron denunciadas por su estado. El domingo 10 se cantó un Te Deum en la parroquia del Espíritu Santo, con el obispo y el gobernador, «por haber cesado la inundación y no haber ocurrido durante ella desastre alguno».[2]

También se inundó la otra orilla. Terminado el reconocimiento del Campo de la Verdad, el gobernador, el alcalde, los concejales y los ingenieros se dirigieron «al barrio de San Nicolás de la Ajerquía para reconocer las casas inundadas y que se estaban desaguando con el bombin del Sr. D. Eduardo Alvarez». Las encontraron en buen estado, lo mismo que las del barrio extramuros de la Fuensanta. Allí el teniente de alcalde Eduardo Álvarez había recorrido con un barco el pago de huertas, «salvando á mas de cuarenta personas que habian quedado aisladas».[2]
La segunda avenida y la Ajerquía
En enero de 1877 volvió a crecer el río, con menos daño. Un mes después de la primera, el periódico regresó al Campo de la Verdad y escribió:
- «…el estado de aquellas calles, y más aún el de aquellas casas, es malo, insalubre y necesita una especial atención. No es necesaria una inundación nueva para que la vida en aquel barrio sea molesta y propensa á enfermedades.»[2]
En la orilla de enfrente, la vieja iglesia de San Nicolás y San Eulogio, la «iglesia del Río», no aguantó: en febrero de 1877 la parroquia se trasladó a la del antiguo convento de San Francisco «a causa de lo que han resentido su fábrica los últimos temporales é inundaciones».[3]
Los socorros
Se abrió una suscripción en la Diputación, el Ayuntamiento y la redacción del periódico, y el clero de cada parroquia publicó lo que daba. Una Junta local presidida por el gobernador examinó los expedientes de daños que le pasaron las juntas de barrio, con aprecios periciales casa por casa, y acordó asignar «sumas proporcionales con relación a los daños sufridos», teniendo en cuenta «la mayor o menor fortuna» de cada uno.[2]
El 2 de febrero de 1877 se publicó la cuenta: unos ciento cuarenta vecinos del Campo de la Verdad recibieron en total 31.764 reales —la mayoría entre dieciséis y cien; una decena, más de mil— y diecisiete del barrio de Santiago, 24.125. El obispado repartió aparte lo recaudado por su secretaría, y el clero socorrió a 525 personas del barrio del Espíritu Santo y dedicó parte del dinero a «facilitar los matrimonios de los pobres» y a la ermita del Santo Cristo de las Ánimas.[2] El nuevo cura del Espíritu Santo, nombrado aquel enero, era el coadjutor que «con motivo de la última inundación ha dado grandes ejemplos de caridad».[2]
Véase también
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseo duodécimo, «Barrio del Espíritu Santo». Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
- ↑ 2,00 2,01 2,02 2,03 2,04 2,05 2,06 2,07 2,08 2,09 2,10 2,11 2,12 Diario de Córdoba, 7, 8 y 10 de diciembre de 1876; 9 y 30 de enero y 2 de febrero de 1877. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- ↑ Diario de Córdoba, 14 de febrero de 1877, p. 2. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.