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Alcoy

Historia local y familiar documentada
Plano de Alcoy de 1881 rodeado de anuncios de fábricas de paños, papel de fumar y fundiciones
«Plano industrial y comercial de Alcoy», 1881. El marco entero son anuncios de fábricas: paños, novedades en tejidos de lana, papel de fumar, fundiciones y talleres de maquinaria. El propio plano da a la ciudad 26.000 habitantes.

Alcoy es una ciudad de la provincia de Alicante, al pie de la sierra de Mariola, encajada en una hoya entre ríos y barrancos. Hacia 1845 tenía 5.600 vecinos y 27.000 almas —más que la capital de su provincia— y el Diccionario de Madoz la llamaba «quizas en el dia la primera pobl. manufacturera de España».[1]

La ciudad de los telares

Lo primero que veía el que llegaba, según Madoz, eran «grandes cantidades de lana ya teñida de colores diferentes tendida por sus calles y plazas, y crecido número de caballerías cargadas de paños, que se cruzan yendo ó viniendo de los batanes», y lo primero que oía, «los repetidos golpes de los telares». «Raros son los mendigos que se ven vagar por las calles».[1]

Las cifras que da son de fábrica grande: unas 23.000 piezas de paños y bayetas al año, 1.100 de mantas y pañuelos de abrigo hechos con el desperdicio de la seda, y unas 200.000 resmas de papel, de las que 180.000 eran para libritos de fumar, cortados con treinta y seis prensas y con una máquina que equivalía a cuatro, «invención de un artista natural de la c.». Los brazos de la ciudad no bastaban, y los vecinos de los pueblos de alrededor iban a ganar el jornal a sus fábricas. Las materias primas venían de fuera: unas 150.000 arrobas de aceite de Andalucía, 138.000 de lana de Aragón, Extremadura, Segovia y otros puntos, y 61.250 de trapo para el papel.[1]

Toda esa industria la movía el agua. Las fuentes del Molinar y de Barchell, descontada la tercera parte que se iba al riego, daban movimiento a 77 máquinas de cardar e hilar lana, 23 de reserva, 12 tornos mecánicos, 114 pilas de batán, 103 bancos de tundir transversales y 4 longitudinales, 200 tinajas de teñir, 58 tinas de papel y 40 calderas, además de molinos papeleros en el término vecino de Cocentaina que eran de vecinos de Alcoy.[1]

1841: la Estambrera

Los fabricantes de paños estaban agrupados en una corporación llamada la Fábrica, gobernada por un clavario, un síndico, tres veedores y siete vocales que se nombraban cada año, presidida por el alcalde. Su encargo era «la introduccion de máquinas y demás útiles que se inventen, adquiriéndolos donde los hallen mas perfectos». Lo pagaban los propios fabricantes con un derecho llamado bolla, de dos reales por cada pieza de paño, que en alguna época llegó a 80 reales por pieza.[1]

A esa corporación se debió que en 1841 se trajera de Bélgica la máquina llamada Estambrera, y después la Gros-carda, con las que se hacían «finísimos estambres» para telas de entretiempo y chalecos que se vendían sobre todo en Galicia. Madoz lo prueba con una anécdota: en la aduana de la corte pusieron dificultades para despachar esos tejidos como géneros del país, «creyéndolos ingleses», hasta que los conductores llevaron certificados de los fabricantes, de las autoridades municipales y de la administración subalterna de Alcoy.[1]

Una ciudad que compraba máquinas al extranjero necesitaba quien supiera montarlas y hacerlas andar, y quizá ese saber salió también de ella. A finales de 1844, en el Registro Civil de Antequera, otra ciudad de paños y bayetas, un hombre natural de Alcoy declaraba como oficio el de «maestro de maquinaria de hilandería».[2] Y en Cabra, por las mismas fechas, la fábrica de paños bastos y capotes estaba «montada y dirigida por un maquinista belga».[3]

Obras y sustos

  • El puente grande se construyó entre 1828 y 1837, con un arco de 84 palmos de diámetro y 120 de alto. El arquitecto no calculó el empuje que iban a recibir los malecones de sillería, que empezaron a desnivelarse «con inminente riesgo de haber venido la obra al agua», y hubo que levantarle a cada lado tres arcos góticos más pequeños para sostenerlo.[1]
  • La ciudad estaba rodeada por una tapia de tierra con aspilleras, hecha para la fusilería durante la última guerra civil, que en 1845 ya se desmoronaba.[1]
  • En 1837 se construyó un edificio para pescadería y matadero, y en 1841 se abrieron dos escuelas de párvulos.[1]

Moros y cristianos

Madoz dedica casi una página a la fiesta de San Jorge: la embajada del moro, que llega con los ojos vendados ante el castillo y recita sus versos; la batalla por la calle de San Nicolás hasta la plaza; la tarde en que se trocan los papeles y vencen los cristianos; las cargas de una caballería «de cañas y papel»; y a la mañana siguiente una fingida «enfermería» de heridos y moribundos que pedía limosna para el hospital. «Poco es lo dicho para formar una verdadera idea de toda esta función», concluye.[1]

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, tomo I, Madrid, 1845, voz «Alcoy». Texto digitalizado en Internet Archive (diccionariogeogr01mado).
  2. ↑ Registro Civil de Antequera, libro de matrimonios, acta n.º 801, 29 de diciembre de 1844.
  3. ↑ Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, tomo V, Madrid, 1846, voz «Cabra». Texto digitalizado en Internet Archive (diccionariogeogr05mado).