Ir al contenido

Antequera

Historia local y familiar documentada
Grabado del arco de los Gigantes de Antequera con lápidas romanas y arrieros al pie
El arco de los Gigantes, con sus lápidas romanas empotradas, en la portada del libro de viajes de Louisa Tenison (Londres, 1853). Desde 1819 estaba aislado: a su lado se habían derribado las casas de cabildo.

Antequera es una ciudad de la provincia de Málaga, al pie de la sierra del Torcal y a la cabeza de una vega regada por el Guadalhorce y el río de la Villa. Hacia 1845 tenía 4.337 vecinos y 17.031 almas en 133 calles,[1] y sus bayetas, dice Madoz, abastecían «varias prov. del reino, y aun del estrangero». Muchas de sus fábricas estaban instaladas en conventos que acababan de quedarse vacíos.

Las fábricas de 1845

Según el Diccionario de Madoz, Antequera tenía ocho fábricas de hilados y tejidos de lana «con movimiento de agua» y cinco «con movimiento de sangre» —movidas a brazo o con caballerías—, además de muchos telares sueltos repartidos por otros edificios. Lo que más se hacía eran bayetas, «perfectamente acabadas y tintadas de fino y basto», y de ellas «se surten varias prov. del reino, y aun del estrangero». En la fábrica de los señores Moreno Hermanos se habían labrado también otras telas y paños «de muy buena calidad», pero en 1845 esa producción estaba suspendida.[1]

La lista sigue: diez fábricas de curtidos, donde se hacían «suelas, becerros, cordobanes y badanas»; diez de alfarería; doce de seda; cinco de sombreros de lana; dos de fideos, dos de cera, una de papel blanco ordinario, una de tela de cañamazo y cinco de chocolate; seis batanes, veintiún molinos de pan, siete tintes, ocho prensas de fajas y seis «de grabar ropas»; treinta y cinco tiendas de telas, sedería y quincalla, y siete establecimientos de platería. El agua del río de la Villa, que abastecía a buena parte de la población, movía a su paso «todos los molinos de pan, batanes y fáb. de hilados».[1]

Los oficios viejos no habían desaparecido: panaderos, posaderos, cordoneros, zapateros, carpinteros, cerrajeros, armeros, confiteros, coleteros, herreros, horneros y caldereros seguían «unidos como si fuesen gremios, según se conocían anteriormente».[1] En el Registro Civil de la ciudad de finales de 1844 aparecen, entre otros, oficios como «trabajador en seda» y «fabricante de curtidos», y un hombre natural de Alcoy que se declara «maestro de maquinaria de hilandería».[2]

Conventos convertidos en talleres

La desamortización se notaba en el caserío. Madoz anota que en los siete años anteriores habían desaparecido 317 casas «que pertenecían á capellanías, patronatos y al Estado como bienes procedentes de los conv. suprimidos».[1] Y recorre los conventos de la ciudad para contar, uno tras otro, en qué se habían convertido:[1]

  • El de carmelitas calzados, levantado donde estuvo la ermita de San Sebastián el Viejo y terminado en 1614: la iglesia seguía abierta, pero el convento era ya de propiedad particular «y sirve en el dia de fábrica de tejidos de lana».
  • El de las catalinas, dominicas que se habían trasladado a la llamada casa de los Gigantes: esa casa «en el dia sirve de fáb. de tejas y demás efectos de barro».
  • El de Santa Clara, terminado, según la lectura más probable del texto, en 1603, año en que su iglesia oyó su primera misa un 18 de diciembre: «En 1.º de agosto de 1841 pidió su esclaustracion la comunidad, á escepcion de tres»; las demás salieron al día siguiente, y el edificio se vendió poco después y quedó convertido en casas de vecinos.
  • El de los agustinos, vendido y demolido por su comprador, que dejó la iglesia con el coro incomunicado: Madoz lamenta «la destrucción de este mérito artístico de la antigüedad».
  • El de la Tercera Orden de San Francisco, en la calle de Estepa, que había servido de cuartel y estaba medio arruinado, lo compró el ayuntamiento por escritura del 15 de julio de 1815 y lo convirtió en casa consistorial, con un salón de sesiones y una escalera de treinta y tres peldaños de jaspe.

La plaza Alta, desmontada

En 1819 desaparecieron «las magníficas casas de cabildo» de la plaza Alta, «dejando aislado el famoso arco de Hércules ó de los Gigantes», con sus lápidas romanas; una de ellas recordaba a una Julia Cornelia que la había mandado poner por testamento. Después de 1820 se derribó también la cárcel vieja de la misma plaza, que era «de buena construcción y de bastante seguridad», sin otra razón aparente que «el haber quedado en despoblado».[1]

El cementerio, fuera de la ciudad junto al camino de Granada, se empezó en 1834 y en 1845 aún no estaba acabado: tenía cerca y portada y 538 nichos, cuarenta del ayuntamiento, treinta y ocho del colegio de escribanos y los demás de cofradías y hermandades.[1]

La sal de la laguna

En el partido judicial de Antequera está la laguna de Fuente de Piedra, cuyas aguas, al secarse con el sol, dejaban sal. Según Madoz, la ciudad la había disfrutado por donación de Juan II hasta que una real cédula de Felipe V la incorporó a la Corona; más tarde, con el pretexto de que era insalubre, se prohibió su aprovechamiento. En 1828 se mandó desaguarla. El ayuntamiento protestó, defendió que aquella sal era mejor que la de Loja —«pueblo tenazmente interesado en desacreditar y estinguir esta inagotable riqueza»— y el rey ordenó un análisis: según Madoz, la sal de Loja tenía por libra dos dracmas y sesenta granos de sulfato de cal, y la de la laguna solo diecinueve granos. Aun así, en 1835 se sacó el desagüe a pública subasta, y el ayuntamiento logró paralizarla recurriendo a Su Majestad.[1]

Dos detalles más

  • La cofradía del Dulce Nombre de Jesús, llamada «de Abajo», cambió en 1617 la túnica blanca por la morada para distinguirse en las procesiones «de competencia» de la cofradía «de Arriba».[1]
  • Los lobos y las zorras eran los únicos animales dañinos del término, y no se multiplicaban porque los propios de la ciudad pagaban un premio a quien los presentaba muertos.[1]

Véase también

  • Alcoy, la ciudad textil de la que venía el maestro de maquinaria

Referencias

  1. ↑ 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, tomo II, Madrid, 1845, voz «Antequera». Texto digitalizado en Internet Archive (diccionariogeogr02mado).
  2. ↑ Registro Civil de Antequera, libro de matrimonios, acta n.º 801, 29 de diciembre de 1844.