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El Portillo (Córdoba)

Historia local y familiar documentada
El Portillo, San Eulogio, Mascarones y Cabezas en el plano de Córdoba de 1900-1920
El «Portillo» al pie de San Eulogio, con Mascarones y la calle de las Cabezas, que confluyen en la misma plazoleta; a la derecha, San Francisco. Plano de Córdoba 1:6.000 revisado por el Ayuntamiento, entre 1900 y 1920.

El Portillo es un arco abierto en la muralla que separaba la ciudad alta, la Villa o Almedina, de la Ajerquía de Córdoba. Da paso desde el barrio de la Catedral a la calle de San Fernando, la antigua calle de la Feria, y en la plazoleta que hay ante él confluyen tres calles: la de San Eulogio, la de los Mascarones —hoy Julio Romero de Torres— y la de las Cabezas.[1]

1496: una casa comprada para abrir un arco

El Portillo no era una puerta antigua. Ramírez de Arellano lo explica al tratar de la calle de la Feria, a la que bajaban de la ciudad alta el Arquillo de Calceteros y el Portillo:

«…el segundo ó sea el Portillo, no existía en aquellos tiempos, y tan es así, que cuando se edificaron casas contra el muro se levantó allí una que en 1496 le compró la Ciudad á su dueño Francisco Sánchez Torquemada, para abrir el arco en el adarve, según escritura que original conserva el Ayuntamiento en su archivo, donde también hemos visto un acuerdo de 1703 para ensanchar la parte baja del arco para facilitar la salida de los carruages.»[2]

Al cronista le llamó la atención un detalle de aquellos papeles: el Torquemada era cordonero, y en los padrones posteriores, «hasta ahora», encontraba siempre una cordonería en aquel lugar, «luego puede considerarse como una de las tiendas mas antiguas de Córdoba, puesto que alcanzan las noticias de ella hasta 1490, ó sean trescientos ochenta y cuatro años contando el presente».[2]

El Portillo de los Mercaderes

Junto al arco hubo durante siglos tiendas:

«…durante siglos se llamó este sitio Portillo de los Mercaderes, porque aquellas pequeñas casas fueron dedicadas a tiendas de diferentes clases; después, hasta nuestros días, se establecieron en ellas ciertas mujeres de mala vida, que le dieron una triste y poco decente celebridad, lo que a fuerza de trabajo se ha ido desterrando.»[1]

Debajo del arco hubo hasta 1841 dos cuadros que, según oyó el cronista, se llevaron a una iglesia de Montoro, y en la plazuela otros dos, uno de ellos una Pastora; en la casa de la esquina conoció un escudo de piedra franca con una figura tocando una vihuela, «cuyo significado ignoramos».[1] Por bajo del Portillo, ya en la calle de San Fernando, tuvo su obrador el escultor Lorenzo Cano, y después su hijo José.[2]

Lo que se vio desde el Portillo

  • Domingo de la Santísima Trinidad de 1586. Se corrían toros y cañas en la calle de la Feria. «Cerca del Portillo veía el espectáculo un jovencillo, vestido de paje», al que llamaban el pajecillo Luna; el caballero Fernando Páez de Castillejo, dueño de una de las casas de la plazuela de Jerónimo Páez, revolvió el caballo y lo arrolló. El paje le pidió satisfacción, y el caballero lo despreció las dos veces; a la segunda, el paje, que lo esperaba con una espada en el camino de la plazuela, lo mató de una estocada y se refugió en la Catedral, de donde lo sacaron a la fuerza; condenado a muerte, la Chancillería de Granada suspendió la ejecución cuando ya iba camino de la horca, y a las pocas noches desapareció: se supo después que había marchado a Flandes, donde llegó a capitán. El cronista lo toma del autor de los Casos raros de Córdoba, que aseguraba haber visto el cadáver sobre un montón de cal.[1]
  • Las fiestas de desagravio. En las fiestas de desagravio al Santísimo que describe un libro impreso en Córdoba en 1636, lo que más llamó la atención fue «el artificioso bosque presentado poco mas arriba del Portillo», en un derrumbadero que habían dejado dos o tres casas arrastradas por el hundimiento de la muralla. El capitán Diego de Argote y Villalta lo convirtió en un bosque en cuesta con caminos, peñas, un lago con patos y peces, árboles con fruta, pájaros sujetos con hilos, conejos, lobos con sus crías, corzos, jabalíes encadenados «y hasta un león, solo que éste era de cartón muy bien imitado».[2]

Las callejas que van al Portillo

Las dos calles que bajan al arco desde la plazuela de Séneca y desde la de Jerónimo Páez no tuvieron nombre propio durante mucho tiempo: eran «las callejas que van al Portillo». Una pasó a llamarse de los Mascarones por los relieves de una portada; la otra recibió el de San Eulogio «en la misma época» en que la plazuela recibió el de Séneca, en 1852.[1] El callejero parroquial del Almanaque del Obispado de 1886 todavía lo recuerda: «Cjas. del Portillo, hoy San Eulogio».[3]

La plazoleta en que confluyen las tres tenía además, frente a la entrada de Mascarones, una calleja sin salida de la que el cronista no logró averiguar el nombre.[1] A principios del siglo XX el índice del plano de Córdoba 1:6.000 revisado por el Ayuntamiento registra la calle del Portillo en el cuadro 5 F.[4]

Véase también

Referencias

  1. ↑ 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877, paseo decimoquinto, barrio de la Catedral. Edición anotada de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017.
  2. ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 Teodomiro Ramírez de Arellano, Paseos por Córdoba, 1873-1877, paseo séptimo, barrio de los Santos Nicolás y Eulogio de la Ajerquía.
  3. ↑ «Calles… y parroquias á que pertenecen», Almanaque del Obispado de Córdoba, 1886, p. 44. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  4. ↑ A. Fernández Fenoy, Plano de Córdoba / revisado por el Ayuntamiento, escala 1:6.000, Barcelona, Alberto Martín, [entre 1900 y 1920], hoja y nomenclátor de vías y edificios públicos. Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, registro 463039.